Siento peces chocar en nuestras bocas buscando de esa luz escurridiza que escapa en miles voces del aliento. Y embistes, con la última caricia, la roca súbita del mar…
Flamas, flamas, más flamas que conjuran en su vetusto baile y sincronía. Afinadas calderas que consumen la osada y obediente piel: la sudorosa copa, afluente que desgarra en el gemido…
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