a la dueña de esos soles Soles morenos, cobrizos, castaños; en sigilo se adentran poblándome la carne, descalzos y desnudos como el viento. Y queman con la vara: la danza…
Dos árboles cogidos de las ramas quieren brincar a las aceras grises, jugar a la rayuela, convertirse en la voz de un camión blanco de helados, tomar el velocípedo volcado…
Viento de mar que esculpe el arrecife, que rompe a la montaña y suda ríos por su falda de verdes pedregales, que susurra al oído de la sierra y besa…
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