Rítmica, salpicaba la conciencia
como aquel mar incansable a mis pies.
Renuente, aferrado el corazón
al beso de la duda. Ya alojado
en la garganta, envuelto entre la niebla
y las sombras, latía agonizante.
Regresaba el dolor junto al reproche…
A la baldía herida de un adiós;
con su sal, su ceguera, sin perdón.

Breves; 6/2/2009

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