“Entre tanto, níveo, con arte felizmente milagroso,
esculpió un marfil, y una forma le dio con la que ninguna mujer
nacer puede, y de su obra concibió él amor.”
Pigmelión; Libro X v-247-249 Las metamorfosis de Ovidio

¡Galatea!

Ninfa de leche y miel.

Dejadme

ser camaleón

de tus noches.

Dejadme

ser lúgubre piedra;

que sangre

hasta convertirse en río,

donde enjuague

y sumerja

mi boca en tu pecho.

Hacerme eterno

en las corrientes

del desvarío,

Acis o Polifemo.

Dejadme

amar o ser amado,

esculpir la nívea piel

del deseo,

o quizás

ser tinta o tintero,

la mano de Ovidio,

para atraparte,

—para siempre—

en el fuego mortal

de un verso.



Raúl Castillo Soto 6/7/2009

6 Comentarios »

  1. ¡Galatea!Ninfa de leche y miel.Cada vez que vengo a tus letras, me satisface, sentir como se dibuja una mueca en mi boca…pensé en como ha crecido tu talento, ahhhh…!! y también en quién fuera Galatea. Besos

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  2. Por alguna razón que desconozco, no pude poner el comentario en "Las tortugas de la calle Montgomery". Así es que aquí te lo dejo:Es la primera vez que te leo un cuento y la mera verdad, me hizo reír con ganas. Te luciste con ese cuento. Bravo!!!!!Por eso no tengo tortugas… jajajajajajajjajajajaUn fuerte abrazo.

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  3. Salvador,Ahora soy yo el que ríe. "Transcribí" tu comentario a el otro blog. My bad. Cambie las opciones y ahora permite comentarios.Gracias por indicarlo.Un abrazo hermano.

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