El Diner alarga en su abrazo nostálgico,
con sus tonos pastel demacrados
y el charol del aluminio.
Saborea del callado la angustia,
el sudor de la trasnoche
que timbra en el oído mugriento
de las horas moribundas.
Afuera laten los callejones
en su coloquio habitual
con el bostezo de la alcantarilla.
Y yo me refugio,
náufrago,
bajo la polvorienta burla
de un abanico de aspas cansadas
y la cómplice sombra
de aquel Vesubio sepia en la taza,
compañero de madrugada,
a celebrar los persistentes mordiscos
de la escasa memoria.

6/13/2009
Raúl Castillo Soto

2 Comentarios »

  1. Deleitarse en tus letras es como degustar de un café con buena miel …aunque estemos a dieta.Excelente muestra poética ¡ERES EL MEJOR!Besos TQMFeliz día del Padre… Muah!!!

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