Life is for each man a solitary cell whose walls are mirrors.
Eugene O’Neill

La orilla del camino me recuerda
esa ominosa calma… Del silencio
que habita en las palabras, y converso a la vida
que había pensado mía…

Y le cuento historietas de banal recurrencia
sobre el día y la noche,
sobre el último abrazo,
sobre el llanto de luna
que derrama en los techos
porosos de dos aguas.

Del hombrecillo perdido,
de memorias vacantes,
que resume sus noches
en las charcas cerreras
de las almas vencidas.
Del lánguido cabello,
untado de vetustos pedregales,
que semejan a gatos que encaraman
por las hiedras y tapias
del vecindario escombroso.
De las flores
que besan el verde del campo,
y perfuman la mano
que las ha derrumbado.

Y le cuento cuanto la quise
qué si ella estuviera
cuánto la amara.
¡Oh! qué sacrificio no haría,
¡oh! qué locura no albergara
por tenerla a mi lado.
Si tan sólo pudiera a esta isla invocarla
—a sus manos de olas— entregarme al lugar
donde reine el amor y no importe otra cosa.

Raúl Castillo Soto (2011)
Música: La música de los dioses; solo de violín de Itzhak Perlman

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