Tierra: tierra en la boca, y en el alma, y en todo.
Tierra que voy comiendo, que al fin ha de tragarme.
Miguel Hernández

Ciudad sin sueño, parpadea en la cima,
mientras descansa en un tejado hambrienta,
tratando de morder la arqueada luna.
En charcos del asfalto va atrapada
junto a esa luz que tiembla dolorosa,
que evade sigilosa los balcones
y las hiedras moradas que los trepan.

Sobre el costado azul del adoquín
la Calle Luna emerge de su sombra,
un dosel baila en la húmeda ventisca
y amanecen los hijos del ventanal,
en dédalos, perdidos en el nácar
del cuello enflaquecido de la noche.

Extinguida la vida del quinqué,
se advierten los ardientes ojos ámbar
de un sosegado cielo.
La ciudad muge en las alcantarillas
y su madre amanece en las paredes,
nostálgica silueta del zaguán.

Lava sus pies la Tierra en sus orillas,
y lame el sol la falda en sus veredas
de orgullosas colinas…
¡Oh perla de Gautier!
Inspiración del bardo.
¿Por qué desconsoladamente lloras?
Isla de Julia, de Albizu y Betances.
Sólo el susurro endeble de la costa,
sólo el lamento de mi Tierra escucho,
y el golpe de rodillas en el fango.

Raúl Castillo Soto
2ndo lugar, Premio Guajana de Poesía 2010
(Categoría Nacional; FIPPR, Puerto Rico)

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